LAYER CAKE DE NATA Y FRUTOS ROJOS

SONY DSCSi hubiese que utilizar una sola palabra para definir a este precioso pastel, sería espectacular (dic. que atrae poderosamente la atención por ser extraordinario). En la entrada de hoy presento esta maravilla, se trata de una jugosa y exquisita tarta a capas o Layer Cake de frutos del bosque y nata, con un toque de chocolate blanco. Una combinación irresistible para presentar y degustar en cualquier momento del día o en algún evento social o familiar. Se trata de un pastel lleno de sabor, fresco, en su punto justo de dulzura y relativamente ligero (no resulta pesado ni empalagoso).

Como se ha dado a entender en las líneas anteriores, el significado de Layer cake aparte de ser el título de una película dirigida  por Matthew Vaughn en 2004 (definición de lo primero que aparece en el buscador de Google cuando se formula la pregunta: —¿Que es un Layer Cake?) es un pastel compuesto por múltiples capas de bizcocho unidas entre sí con algún tipo de relleno. Siendo común en la mayoría de ellos una buena capa de cobertura exterior.

La palabra Layer cake se ha adoptado del vocabulario anglosajón, a pesar de que la mayoría de términos de la lengua inglesa tienen su equivalente en español.

Hallar el origen de este tipo de pasteles es complicado, pero al parecer las primeras descripciones en inglés de estos cakes datan de mediados del siglo XIX. Una de las primeras recetas fue publicada en el Cassell’s New Universal Cookery Book (London 1894).

El Layer Cake se suele confeccionar con varias capas de bizcocho unidas por un relleno (mermelada, crema, mantequilla…) y generalmente cubiertas con un glaseado (que combine con el relleno). Pueden ser dos, tres, cuatro o muchas capas más. Los pasteles a capas más clásicos son: La tarta Selva negra, la tarta Dobos, el pastel de Terciopelo rojo (Red Velvet Cake), la tarta Sacher…

También hay recetas de pasteles a capas básicos, dentro de los clásicos o creativos como por ejemplo: El Layer Cake de chocolate, de fresas o de crema. El nombre se complementará con la elaboración pastelera que se utilice en su relleno y/o cobertura.

Para obtener varias capas de bizcocho se puede partir de un bizcocho alto que después se cortará en capas o se pueden hornear por separado las distintas piezas de bizcocho que formarán el pastel. Siendo ésta última la mejor opción para hacer los bizcochos rellenos con varias capas (hasta de ocho o nueve mantos), pues de otro modo puede resultar complicado cortar un solo bizcocho tan fino y recto. Además, hornear varios bizcochos parejos es una técnica que también permite variar el sabor de las capas y hacer así una combinación de diferentes sabores, como por ejemplo un bizcocho blanco y un Red Velvet, ampliando todavía más la gama de posibilidades y variaciones del mismo tipo de pastel.


LAYER CAKE DE NATA Y FRUTOS ROJOS 1.JPGIngredientes (Tarta 15 cm de diámetro):

Bizcocho:

  • 4 Huevos medianos
  • 75 G Azúcar
  • 125 G Harina floja
  • Una pizca de sal
  • 150 Ml Agua
  • 50 Ml Licor de moras

Relleno y cobertura:

  • 200 G Frutos rojos: Arándanos, frambuesas, moras, grosellas + 50 G Azúcar (también se puede usar una mermelada natural de buena calidad)
  • 250 G Nata montada y azucarada al gusto (también se puede adquirir lista para su uso en pastelerías, normalmente por encargo o en grandes almacenes de alimentación. Lo bueno de estos tipos de nata es que suelen ser más firmes y consistentes, lo malo es que se les suele añadir conservantes y estabilizantes para alargar su vida útil y mantenerlas intactas por más tiempo)
  • 125 G Frambuesas frescas
  • Fideos, perlas o  decoraciones de chocolate blanco (opcional)

Elaboración:

  • Bizcocho;

Engrasar un molde de bizcocho (para esta receta se ha utilizado un molde desmontable de paredes altas, de 15 centímetros de diámetro) y enharinarlo ligeramente. Si se quiere asegurar un desmoldado perfecto, poner un círculo de papel de hornear en el fondo, cortándolo a la medida del molde.

Precalentar el horno a 180° C calor arriba y abajo. Colocar la rejilla del horno en su interior de tal manera que cuando se vaya a acomodar el molde del bizcocho, éste quede a media altura.

En un cuenco, tamizar la harina y reservar.

Poner los huevos en un bol grande y batirlos junto al azúcar y la pizca de sal. Para montar los huevos, estos han de estar a temperatura ambiente.

En repostería, con la salvedad de que en la receta se indique lo contrario, siempre se recomienda que los huevos estén templados para que monten de forma adecuada y se integren en las masas de manera correcta.

Un truco para acelerar el montado es hacerlo con el bol colocado sobre un cazo con agua hirviendo, al baño María. Eso sí, es muy importante que el agua no llegue a tocar el bol, pues se podría cuajar el huevo y estropear la mezcla. Se puede usar este método si se dispone de unas varillas eléctricas.

La mejor opción para montar los huevos es con la ayuda de un robot de cocina programado a la máxima velocidad. La mezcla tardará en montar alrededor de 10 minutos (dependerá de la potencia de cada aparato). El compuesto debe triplicar su volumen y alcanzar el punto de cinta (término usado cuando se refiere al dibujo que forma la masa en el momento que escurre sobre la superficie de la mezcla, formando un dibujo o cinta).

Cuando la preparación anterior esté en su punto, añadir la harina y mezclar con una espátula o lengua repostera, siempre con movimientos suaves y envolventes. Hasta que no se aprecien grumos de harina en la masa.

Finalmente, verter la mezcla dentro del molde y alisar la superficie.Una vez el horno haya alcanzado la temperatura adecuada, hornear la preparación durante 20 o 25 minutos y probar si está bien cocido, pinchando el centro con un testador o palillo.

Cuando el bizcocho esté listo, sacarlo del horno y dejarlo enfriar sin desmoldar sobre una rejilla, entre cinco y diez minutos. Hasta que temple; en primer lugar para manejarlo sin riesgo de quemaduras y en segundo lugar porque el bizcocho es frágil y al estar muy caliente podría romperse con facilidad.

Para rellenar este bizcocho se aconseja dejarlo reposar varias horas o un día, envuelto en plástico film transparente de uso alimentario o dentro de una bolsa y conservado en el interior de la nevera. Ganará en firmeza y será más fácil cortarlo y manipularlo. Además, absorberá mejor los líquidos en el momento de empaparlo en almíbar  u otro tipo de fluido antes de ponerle el relleno.

Una vez frío, cortarlo en tres capas del mismo tamaño.layer cake de nata y frutos rojos 4.JPGPreparar un baño para humedecer las tres capas de bizcocho, mezclando el agua con el licor de moras. Calentar el líquido resultante durante unos segundos en el microondas o durante unos minutos en un cazo al fuego y después, pincelar las capas de bizcocho con el fluido templado (no caliente).

Dejar reposar las láminas de bizcocho sobre una rejilla al menos durante una hora, para que enfríen completamente y el licor quede absorbido en su totalidad.

  • Relleno y cobertura;

Poner los frutos rojos y el azúcar en un cazo a fuego medio y calentar la mezcla hasta que el azúcar se disuelva. Opcionalmente, si se desea desechar las pepitas y las semillas de la fruta, triturar la compota con una batidora de brazo y pasar el puré resultante por un chino o colador de malla fina. Dejar enfriar a temperatura ambiente, después se puede refrigerar para que adquiera más consistencia.

Colocar una plancha de bizcocho (reservar la capa de la base del bizcocho inicial para colocar en último lugar, ésta es la más lisa y la más apropiada para la superficie de la tarta) sobre un stand o plato de presentación y untarla generosamente con la compota o la mermelada de frutos rojos. Acto seguido distribuir una buena cantidad de nata montada sobre ella y repetir el mismo proceso con las siguientes capas.

Una vez montadas todas las capas de la tarta, aplicar también nata firme en los laterales.

Finalmente, decorar la superficie de la tarta con frambuesas frescas y de forma opcional también se puede decorar con unos rosetones de nata en la parte superior y unas decoraciones de chocolate blanco adheridas al contorno (en este caso los laterales del pastel se embellecieron con fideos de chocolate blanco).

Una vez finalizada la confección del layer cake, conservarlo refrigerado para que adquiera consistencia y cuerpo. Este tipo de tartas es mejor degustarlas de un día para otro, ya que se compone de varias elaboraciones con distinta textura y de este modo los sabores ganan profundidad.

Espero que disfruteis de este precioso Layer Cake de nata y frutos rojos, es todo una delicia.

BIZCOCHO DE YOGUR CON KIWI

bizcocho de yogur y kiwi 3.JPGQué mejor desayuno para el día de hoy que un rico y esponjoso bizcocho con una buena cantidad de fruta fresca. En casa siempre se apuesta por las masas abizcochadas a las que se les añade un plus de salud con frutas o verduras de temporada. Las frutas y hortalizas que se  emplean en este tipo de elaboraciones suelen ser dulces, por lo que además se puede reducir considerablemente la cantidad de azúcar que normalmente se utiliza en la confección de este tipo de preparaciones. Por otro lado, estos frutos de la tierra contienen un importante porcentaje de agua en su composición, que aporta a las masas una jugosidad irresistible. En esta ocasión, para preparar un bizcocho de 8 o 10 raciones se han incluido cinco estupendas y jugosas piezas de kiwi.

Los kiwis, al igual que el resto de las frutas, constituyen un grupo de alimentos indispensable para la salud y el bienestar; especialmente por su aporte de fibra, vitaminas, minerales y sustancias de acción antioxidante. Pero hay bastante más que decir sobre esta refrescante fruta, porque si se examina de cerca no solo su sabor sino también sus propiedades nutricionales o saludables, se entenderá que el kiwi es un alimento que vale la pena tener en la despensa e incluir de forma regular en la dieta de toda la familia. A continuación, antes de detallar la receta de bizcocho de yogur con kiwi, en este artículo se revisan los nutrientes y las propiedades más destacadas de este atractivo comestible.

El kiwi es un fruto exótico que proviene de las laderas del Himalaya, concretamente de China Continental. No empezó a cultivarse hasta hace unos 300 años pese, a que en China, de donde es originaria esta fruta, crecía de forma silvestre miles de años antes.

Una curiosidad para destacar es que el kiwi es una de las pocas frutas que mantiene su color verde incluso cuando está madura. Esto se debe a su elevado contenido en clorofila que, a diferencia de lo que ocurre con otras frutas, no desaparece en el proceso de maduración. En cuanto al color amarillo, naranja o incluso rojo que se puede observar en algunas variedades de kiwis, se justifica por su alto contenido en unos pigmentos que enmascaran el verde de la clorofila: carotenoides y antocianinas.

A pesar de su aspecto externo poco atractivo, se trata de un fruto muy sabroso, de interesantes propiedades nutritivas y muy saludable.

El kiwi se compone mayoritariamente de el agua. Es de moderado aporte calórico, por su cantidad de hidratos de carbono y destaca por su alto contenido en vitamina C; más del doble que una naranja, y vitaminas del grupo B, entre ellas el ácido fólico. Así mismo es rico en minerales como potasio, magnesio y fibra soluble e insoluble, con un potente efecto laxante;

  • La fibra mejora el tránsito intestinal.
  • La vitamina C interviene en la formación del colágeno, huesos y dientes, glóbulos rojos y favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones.
  • El ácido fólico colabora en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis del material genético y en la formación de anticuerpos del sistema inmunológico.
  • El magnesio se relaciona con el funcionamiento del intestino, nervios y músculos, forma parte de huesos y dientes, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante.
  • El potasio es necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso, para la actividad muscular normal e interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula.

BIZCOCHO DE YOGUR Y KIWI 4.JPGEl kiwi es una fruta fácil de consumir; pelado o partido por la mitad y con ayuda de una cucharilla, resulta muy atractivo y apetecible para quienes no son consumidores habituales de fruta. Por este motivo y debido a sus propiedades nutritivas y al aporte de sustancias de acción antioxidante, su consumo es adecuado para todo tipo de población; niños, jóvenes, adultos, deportistas, mujeres embarazadas o madres lactantes y personas de edad avanzada.

Por su aporte de vitaminas C y ácido fólico, se recomienda especialmente a quienes tienen un mayor riesgo de sufrir carencias de dichos nutrientes: personas que no toleran o le disgustan los cítricos, el pimiento u otros vegetales, que son fuente casi exclusiva de vitamina C o para personas cuyas necesidades nutritivas están aumentadas. Algunas de estas situaciones son: periodos de crecimiento, embarazo y lactancia materna. Igualmente, el tabaco, el abuso del alcohol, el empleo de ciertos medicamentos, el estrés y defensas disminuidas, la actividad física intensa, el cáncer o el sida y las pérdidas digestivas originadas por enfermedades inflamatorias crónicas.

La vitamina C, como antioxidante, contribuye a reducir el riesgo de múltiples enfermedades, entre ellas, las cardiovasculares, las degenerativas e incluso el cáncer. Además, debido a que la vitamina C aumenta la absorción del hierro de los alimentos, se aconseja en caso de anemia ferropénica, acompañando a los alimentos ricos en hierro o a los suplementos de este mineral ya que esto acelera la absorción y recuperación. Así mismo, su riqueza en ácido fólico confiere al kiwi la propiedad de mejorar o prevenir anemias y reducir el riesgo cardiovascular y de espina bífida, un trastorno del sistema nervioso que puede darse en el feto durante los primeros meses de gestación.

Su contenido en fibra le confiere propiedades laxantes. La fibra previene o mejora el estreñimiento, contribuye a reducir las tasas de colesterol en sangre y al buen control de la glucemia en las personas que tienen diabetes. Ejerce un efecto saciante, lo que beneficia a las personas que llevan a cabo una dieta para perder peso. Además, por su abundancia de potasio y bajo aporte de sodio, resultan muy recomendables para aquellas personas que sufren de hipertensión arterial o afecciones de vasos sanguíneos y corazón. Su contenido de potasio, deberán tenerlo en cuenta las personas que padecen de insuficiencia renal y que requieren de dietas especiales controladas en este mineral. Sin embargo, quienes toman diuréticos que eliminan potasio y las personas con bulimia se beneficiarán de su consumo.

Sabías que…

El kiwi colabora a disminuir el nivel de estrés, algunos estudios han comprobado que la vitamina C es útil para reducir el nerviosismo, un efecto que se ve potenciado por la presencia de magnesio, un mineral esencial para nuestro Sistema Nervioso Central.

Esta fruta, al madurar en invierno, aparece en el mercado a partir de octubre y se mantiene en perfectas condiciones hasta mayo. Sin embargo, otras variedades como el kiwi procedente de Nueva Zelanda, también pueden consumirse desde finales de mayo hasta principios de noviembre.

A la hora de comprar esta fruta, hay que elegir ejemplares intactos y sin manchas. Se deben descartar los kiwis muy blandos o dañados porque tienen menos sabor o sabores extraños. El tamaño no influye en la calidad del fruto.

En un lugar fresco, el kiwi puede conservarse durante mucho tiempo siempre que esté protegido contra la deshidratación, por ejemplo con bolsas de uso alimentario. Si se conserva a temperatura ambiente, aguanta hasta 15 días; si se mantiene refrigerado, un mes y si se congela, hasta 6 meses. Si se desea acelerar su maduración, es conveniente dejarlos a temperatura ambiente. La maduración del kiwi es muy lenta, pudiéndose incrementar si se introducen en bolsas junto con manzanas o peras, que desprenden etileno. De este modo, se obtienen los kiwis en su punto de sazón en cuestión de 8 o 10 días.


bizcocho de yogur y kiwi 2.2.JPGIngredientes (8 – 10 raciones):

  • 125 G Yogur Natural sin azúcar (utilizar el envase del yogur como medida para el resto de ingredientes)
  • 1 Medida de azúcar
  • 1 Medida de aceite vegetal (oliva suave, girasol, almendras…)
  • 3 Medidas de Harina de trigo
  • 3 Huevos medianos
  • 10 G Levadura Royal®
  • 5 Kiwis frescos
  • 1 Cda Harina de trigo
  • Almendra laminada (opcional)

Elaboración:

Engrasar un molde para bizcocho (para esta receta se emplea un molde de cerámica de 30 x 10 cm) y enharinarlo ligeramente.

Precalentar el horno a 180°C calor arriba y abajo. Colocar la rejilla del horno en su interior de tal manera que cuando se vaya a acomodar el molde del bizcocho, éste quede a media altura.

Pelar los kiwis, córtalos en trozos pequeños y dejarlos escurrir sobre un colador.

En un cuenco, tamizar la levadura junto a la harina y reservar.

En un bol amplio, poner los huevos con el azúcar y batir la mezcla (preferiblemente con unas varillas eléctricas a máxima velocidad) enérgicamente entre 5 y 10 minutos. Hasta conseguir una pasta mullida de tono blanquecino que haya doblado su volumen.

Incorporar el yogur y el aceite. Continuar batiendo la mezcla a menos intensidad para así, evitar que se reduzca en exceso el preparado esponjoso que se consiguió inicialmente.

Añadir la harina junto a la levadura y mezclar. Este paso se ha de realizar con mucha suavidad y siempre con movimientos envolventes para  impedir que la harina desarrolle el gluten y reste esponjosidad al bizcocho.

Poner el kiwi troceado y bien escurrido dentro de un recipiente profundo y esparcir sobre él la cucharada de harina. Revolver e incorporar a la masa de bizcocho. Mezclar con suavidad y verter todo el preparado dentro del molde.

Opcionalmente, esparcir sobre el bizcocho una cantidad generosa de almendra laminada.

Cuando el horno haya alcanzado la temperatura adecuada, colocar el molde sobre la rejilla que en un principio se dispuso dentro de él y cocer la preparación entre 30 y 40 minutos.

Pasados los treinta primeros minutos (nunca antes) abrir la puerta para comprobar la cocción del bizcocho, con un testador o palillo. Este paso hay que realizarlo con mucha rapidez, para evitar que el horno pierda temperatura y el bizcocho se pueda hundir o bajar.

Cuando el palillo salga limpio y el bizcocho esté bien cocinado, sacarlo del horno y dejarlo dentro del molde entre 5 y 10 minutos.

Pasado el tiempo, desmoldar el bollo, trasladarlo a una rejilla y dejarlo enfriar por completo.

NEW YORK CHEESECAKE DE CHOCOLATE

cheese de chocolate.JPGEsta publicación va dedicada a todos los amantes del chocolate (y a los que no lo son tanto…). Se trata de una tarta relativamente ligera y muy suave. El pastel está confeccionado con una fina y chocolateada base de galleta crujiente, seguida de un delicioso y delicado interior elaborado con queso cremoso y chocolate fundido, que finalmente es coronado con una sutil cobertura de ganache fondant al 70% de cacao; una irresistible combinación de ingredientes y texturas que no dejará indiferente a ningún comensal.

Son muy pocos los golosos a los que no les gusta un buen cheesecake o tarta de queso; y aunque al oírlo nombrar de inmediato seamos trasladados con la imaginación a una cafetería de Nueva York, lo cierto es que el origen del cheesecake poco tiene que ver con esta ciudad de Estados Unidos. Si quieres conocer su origen e historia, no te pierdas lo que se comenta a continuación. Y después, ¡La receta!

El pastel de queso tal y como lo conocemos hoy en día, es el resultado de muchas modificaciones a lo largo de la historia. Se cree que su nacimiento dió lugar en la Antigua Grecia, concretamente en la Isla de Samos, hace aproximadamente 4.000 años.

En la Antigua Grecia este pastel de queso se consideraba una auténtica fuente de energía y no en vano fué alimento de los primeros atletas en los juegos olímpicos cuando estos comenzaron en el año 776 a.C, aunque no fue hasta el año 230 d.C cuando al escritor Ateneo se le atribuyó la autoría de la primera receta escrita del pastel de queso, en aquellos tiempos simplemente se calentaba el queso triturado en una cacerola de cobre con miel y harina para posteriormente dejarlo enfriar y servirlo.

Cuando las tierras de Grecia fueron conquistadas por los romanos, estos se apropiaron de la receta de tarta de queso griega y más tarde, los romanos modificaron la fórmula e incluyeron huevo en la preparación. Tras ello, hornearon al nuevo pastel entre ladrillos calientes y lo rebautizaron con el nombre de libun. Esta primicia que se adaptó al ingenio culinario del imperio romano, durante décadas formó parte de los espléndidos banquetes que se servían en ocasiones especiales.

Es importante señalar que a pesar de que a estas primeras formas se les llamó “pasteles de queso”, difieren mucho en sabor y consistencia de la tarta de queso contemporánea.

Aunque los antiguos griegos y romanos lo consideraban un pastel, algunos escritores modernos señalan que la presencia de huevos, como la única forma de levadura, es la prueba de que se trataba de una torta. Otros autores, afirman que la corteza separada, el relleno suave, y la ausencia de harina demuestra que se era de una tarta de crema.

El cheesecake es sin duda uno de los postres más famosos del mundo y eso se le debe atribuir a su exquisito sabor.

Tras apropiarse de la receta, los romanos la expandieron por el resto de Europa, donde países, ciudades y comarcas fueron modificando la receta original según sus gustos y tradiciones culinarias autóctonas. De esta manera el cheesecake se fue reinventando con diversas combinaciones.

Así, los italianos le aplicaron el queso de ricota, los griegos agregaron diversas variedades como los quesos de granja, queso feta, mizithra, suizo, inclusive combinaciones de éstos. Por su parte los alemanes siempre optaron por los clásicos quark y requesón y los franceses con su típica tradición de grandes culinarios, prefirieron el queso Neufchatel y le incorporaron aire a la masa para lograr una torta de consistencia ligera y aireada.

Integrado definitivamente en el patrimonio gastronómico europeo, este postre cruzó el atlántico con el flujo de inmigrantes que llegaron a estados unidos en busca de mejores condiciones de vida. En 1872 un quesero norteamericano (William Lawrence de Chester, afincado en Nueva York) al intentar copiar el neufchâtel (queso de origen francés), terminó creando un queso cremoso que con el tiempo daría lugar al nacimiento del famoso queso philadelphia; un queso ligero, espeso y suave que hoy en día es un imprescindible en la elaboración de todo tipo de tartas y postres.

El pastel de queso es uno de los postres más comunes del mundo y, quizás, uno de los más antiguos que utilizan lácteos diferentes de la leche.

En el momento que se prepara un cheesecake, no sólo el tipo de queso afecta a la textura y el sabor, sino la habilidad de incorporar otro tipo de ingredientes. Cuando el relleno de un pastel de queso es muy líquido (o aguado) no será tan estructuralmente firme. Una forma para evitar que esto suceda, es utilizar un poco de fécula de maíz batida junto a los huevos.

Lo más común a la hora de preparar un pastel de queso a base de crema ácida o agria es utilizar un volumen de 1:1, esto quiere decir que por cada parte de queso crema se coloca una parte de crema ácida, para dar la tradicional textura que se comporta al igual que un buen queso roquefort; tienen una distintiva hendidura en el centro y esta zona se caracteriza por ser la más tierna de la pieza.

Al hornearse, la parte de arriba de la tarta de queso toma un color dorado, debido al efecto de la reacción de Maillard. También se puede lograr un efecto parecido si se unta huevo batido con una brocha sobre la superficie del pastel.

Las tartas de queso de la era moderna se hornean en moldes desmontables a prueba de fugas, y para que las recetas queden cremosas  y jugosas, se requiere colocar en la parte baja de la cavidad del horno un baño de agua para aportar humedad y distribuir el calor de forma uniforme.

Por otro lado es recomendable no utilizar ninguna fruta que contenga enzimas “como proteínas” vivas, tales como la papaya, la piña o el mango. Si se desean incluir estos frutos en la confección del pastel, primero se han de cocinar porque de otro modo, el pastel de queso no cuajara de forma correcta.

Otro consejo para que la cheesecake no se quiebre por la superficie durante el horneado, es no batir demasiado los huevos cuando se incorporan con el queso crema, cocer el pastel a una temperatura baja y constante, y no someterlo a cambios bruscos. Por ello es recomendable apagar el horno cuando el pastel esté cuajado, entreabrir la puerta y dejar que éste se termine de cocinar con el calor remanente.


SONY DSCIngredientes para molde de 18cms:

Para la base;
  • 115 G Galletas de chocolate trituradas
  • 1 Cda Queso crema o 60 G mantequilla fundida
Para el relleno;
  • 260 G Chocolate negro 7%
  • 500 G Queso fresco tipo Philadelphia a temperatura ambiente
  • 175 G Nata líquida de montar
  • 75 G Azúcar blanco (aumentar la cantidad a 150 G si os gusta una tarta dulzona)
  • 2  Huevos a temperatura ambiente
  • 1/2 Cda Extracto de vainilla natural
Para el ganache;
  • 175 G Chocolate
  • 175 Ml Nata líquida de montar
  • 10 G Mantequilla

Elaboración:

Precalentar el horno a 180° calor arriba y abajo.

Engrasar un molde desmontable de 18 cm de diámetro.

Mezclar el queso crema o la mantequilla fundida con las galletas trituradas (preferiblemente con un procesador de alimentos) y cubrir la base del molde con mezcla.

Hornear aproximadamente 8 minutos, hasta que la base se vea asentada. Sacar del horno y reservar.

Colocar el chocolate troceado en un bol resistente al calor.

Calentar la nata de montar en un cazo y cuando ésta comience a hervir, verterla sobre el chocolate. Dejar actuar durante un 1 minuto para que el chocolate se reblandezca y después, remover con una espátula o lengua repostera. Hasta lograr una ganache brillante y homogénea.

Por otro lado, en el bol de una batidora batir el queso con el azúcar, siempre a velocidad baja, para evitar la formación de burbujas de aire en la masa. Añadir los huevos uno a uno e integrar el extracto de vainilla. Una vez la mezcla esté lisa y sin grumos, parar la batidora e incorporar la ganache de chocolate. Mezclar el conjunto de nuevo a velocidad baja.

Verter la masa resultante en el molde y alisar la superficie con una espátula o lengua repostera.

Hornear el pastel durante 15 minutos a 180°. Después, bajar la temperatura del horno a 120° y continuar la cocción durante 60 o 70 minutos más. Hasta que toda la superficie quede cuajada y sólo permanezca un poco húmedo y tierno en el centro del pastel.

Una vez fuera del horno, dejar enfriar la tarta a temperatura ambiente y sin desmoldar.

Tras ello, meterla en el frigorífico sin sacarla del molde durante al menos dos horas, para que adquiera una consistencia adecuada.

Es importante no meter la tarta templada ni caliente dentro del refrigerador o se correrá el riesgo de que se raje por su superficie. Además, no es correcto someter a la nevera a cambios bruscos de temperatura, ya que en él se almacenan otros alimentos que han de conservarse en frío constante y también podrían perder propiedades o estropearse.

cheesecake de chocolate.JPGAntes de servir la cheesecake, preparar el ganache de chocolate para la decoración.

Para ello, colocar el chocolate troceado en un bol resistente al calor. Calentar en un cazo la nata de montar y cuando ésta comience a hervir, verterla sobre el chocolate. Dejar actuar durante 1 minuto y remover hasta lograr una ganache brillante y homogénea, sin restos de trocitos de chocolate. Después incorporar la mantequilla en trocitos y remover hasta que quede completamente disuelta.

Finalmente, desmoldar la tarta de queso con cuidado y extender sobre su superficie toda la ganache, con ayuda de una espátula o cuchara.

Refrigerar de nuevo el pastel cuando la cobertura de chocolate haya solidificado.

Para servir, sacar la tarta de queso de la nevera 20 o 30 minutos antes de su consumo, así regresará a temperatura ambiente y con ello se acentuarán sus sabores y se degustará con la textura adecuada.